9/12/10

Loteria del niño

La loteria del niño fué el inicio de la Bruixa d’Or:



Xavier Gabriel dice: A mediados de los ochenta decidí abrir la administración de lotería en Sort –por si no lo sabes, un pequeñísimo pueblo del Pirineo catalán–, los responsables de Loterías y Apuestas del Estado en Lleida me dijeron que no sería capaz de vender lo mínimo indispensable para mantenir la concesión. Entonces se rieron por dentro cuando les dije que quería llegar a ser el primero de España, pero ahora son nuestros primeros admiradores.

En 1994, dimos el primer premi en la loteria del Niño gracias a un número, el 08.036, que jugaba cada año porque pensaba que era el único código postal de Barcelona –hay más de cincuenta. Desde entonces, hemos repartido más de treinta premios importantes de la Lotería Nacional, entre ellos tres Gordos de Navidad –uno de ellos íntegro. Los medios de comunicación se hacen eco de los triunfos, pero pocos se han entretenido a revisar la historia anterior a 1994, cuando nuestra administración llegó a ser la que más merchandising vendía en España sin haber dado ningún premio.

Durante más de diez años, mi mujer –Rosa– y yo recorrimos todos los bares y restaurantes de las comarcas próximas a Sort para vender el máximo número de décimos y, así, poder pedir más series nuevas. Para satisfacer nuestra cada vez más grande demanda, acudíamos a otras administraciones a comprar décimos sin obtener margen alguno, hasta que nuestra actividad fue tan frenética que encadenamos varios fines de año sin salir, encerrados dentro de la administración pasando cuentas.

La Bruja de Oro nos hace sonreír, nos hace sentir orgullosos de nuestra obra, pero dentro del establecimiento hemos llorado y hemos rozado el desespero. Todo esfuerzo valió la pena, y hoy podemos dar gracias a Diós por darnos la energía y el optimismo necesarios para no mirar atrás, siempre hacia delante.

Lo mejor es que, hoy, Rosa o yo seguimos abriendo el negocio cada día a las nueve y media de la mañana. La Bruixa d’Or ha sido nuestro gran proyecto profesional, y la mimamos como a un bebé para que ella también nos trate bien y podamos seguir disfrutando de nuestro trabajo con una sonrisa dibujada en los labios.